La primera vez que mis ojos recorrieron las líneas de Luces de Bohemia no lo entendí. Empecé a leerlo porque mi hermano, que detesta la lectura la mayor parte del tiempo, lo había encontrado fascinante y hermoso.
La segunda vez que lo alcancé, tenía trece años y el colegio nos iba a llevar a ver la obra de teatro, así que quise conocerlo antes de tiempo.
Pero ni siquiera esa segunda experiencia se acercaba a mi tercera y más reciente lectura, esta misma primavera. Con 17 años y un mínimo conocimiento del esperpento, el teatro y la historia de mi país, la obra de Valle-Inclán me ha dejado boquiabierta.
Para aquellos que no lo sepan, toda la obra se desarrolla en las 24 últimas horas de la vida de Max Estrella y las horas posteriores a su muerte. Pero no, no es en absoluto una obra de misterio, sino de denuncia, un retrato de la España de principios del siglo XX que no difiere mucho en la actualidad.
Muchos consideran que las imágenes y escenas descrita por Valle-Inclán están deformadas por su estilo esperpéntico y la perenne ridiculización de los personajes (desde el mismo Max y sus amigos, los poetas, hasta los burócratas, la policía, las fuerzas políticas...); pero personalmente considero que este cuadro se acerca mucho a la realidad de nuestros días, cien años después, y para defender esta imagen me apoyo en una serie de citas que me llamaron la atención durante mi lectura:
MAX: "Porque tú, gusano burocrático, no sabes nada. ¡Ni soñar!"
Estas palabras se las dedica a Serafín el Bonito en el Ministerio de la Gobernación tras su detención. Me recuerda mucho a esa deshumanización actual, a ciudades, y trámites, y realidad. Gris y sucia realidad. Serafín había instado a Max a referirse a su hogar como casa de vecinos y no como palacio, la palabra que el protagonista había empleado anteriormente. A esto Max responde "donde yo vivo, siempre es un palacio" y El Guindilla "no lo sabía". Hoy tampoco se sueña, el idealismo está mal visto. El arte es inútil. De los libros y del placer no se vive, solo de orden, burocracia, trabajo...
DON FILIBERTO: "Para ustedes en nuestra tierra no hay nada grande, nada digno de admiración. ¡Les compadezco! ¡Son ustedes bien desgraciados! ¡Ustedes no sienten la patria!"
Y es verdad. Nadie siente la patria, ni siquiera ahora. España es vaga, sucia, desarrapada. España es toros, fiestas, analfabetismo. Y si un español se orgullece de su tierra fértil, de su clima cálido, de los días largos, de los sueños a media tarde o de la magnífica dieta....; si un español ama su idioma, su bandera... entonces es un fascista. Un español no puede lucir su propia bandera sin ser automáticamente catalogado dentro de la derecha política. Es un fratricidio constante, una guerra civil determinada por los años de autoritarismo y pobreza.
MAX: "¡Vivo olvidado! Tú has sido un vidente dejando las letras por hacernos felices gobernando. Paco, las letras no dan para comer. ¡Las letras son colorín, pingajo y hambre!"
¿No es lo mismo que dije antes? No podemos olvidarnos de comer y de vivir, el dinero es tan necesario como sobrevalorado. ¿Qué le vamos a hacer si el funcionamiento de la vida y el sistema priman sobre la cultura, el arte y la realización personal? Veneramos a antiguos filósofos, pintores, poetas sin permitir que nuestra generación construya algo que pueda ser admirado más tarde por otras personas. Me gusta la respuesta del ministro: "Las letras no tienen la consideración que debieran, ciertamente."
Y por último, a pesar de que he tenido que omitir algunas citas para no extenderme demasiado, he aquí mi favorita:
OTRO SEPULTURERO: "En España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser un sinvergüenza. En España se premia todo lo malo".
¿Qué puedo decir ante esto? las palabras que resumen el por qué siento vergüenza hacia mi país, mi patria y, sobre todas las cosas, mi gente. Me avergüenza la incultura, me avergüenza la televisión, el cotilleo y el corazón. Me apena ir en el metro, y ser la única sosteniendo el libro entre tanta gente chateando. Y que nadie vaya al teatro, a la ópera, al ballet. Que nadie escuche, como yo ahora mismo, a Tchaikovsky, Beethoven, Mozart, Bach, Pachebel, Satie; que no se interesen por el jazz. Nietzsche tenía razón: todo lo que no sea un bien de consumo se aparta, todo lo que requiera un esfuerzo mental está mal considerado. Todo lo que a mí me gusta y me convierte en una empollona.
Así pues, concluyo este pequeño análisis recomendando a todo el mundo que lea Luces de Bohemia, siempre y cuando le apetezca un rato de reflexión.
Au revoir!