sábado, 7 de noviembre de 2015

La soledad era esto.

De Juan José Millás.

Un libro sin más historia que una metamorphosis.
A pesar de la insistencia de Zoe en que me leyera el libro de golpe, he necesitado varios retazos para leérmelo entre dos días. Esto, sin embargo, no ha impedido que me meta de lleno en las reflexiones de Elena, atrapada por la bola de ansiedad que se instaló en mis intestinos desde el mismo instante en que mis ojos recorrieron la primera línea.
Está reciente y doloroso en mi mente insatisfecha, que se confunde a sí misma en sus impresiones. Si yo conociera a alguien así (que se pasa el día en casa fumando hachís y bebiendo whiskey, preocupándose de su propia vida con un toquecito victimista) probablemente me sentiría molesta por tanta estupidez e inactividad inútil junta. Diría: "¡Cuántos pajaritos tiene en la cabeza! cómo se nota que no tiene que hacer nada". Yo, al igual que el marido de Elena, soy una persona que ha asumido que el mundo es como es y se ha instalado en la zona más cómoda y práctica de su propia vida, sin pensamientos trascendentales. Por eso me sorprende sobremanera la antipatía que me suscita Enrique, ese cabrón infiel e impersonal.
Es impresionante cómo los malestares de Elena se han trasladado a mí. Me sentí verdaderamente fatigada en sus desmayos, triste en sus delirios, sola en sus reflexiones. En algunas ocasiones me imaginaba estremecida por el asco y el miedo el aire gris, el frescor húmedo, el olor pegajoso de los porros y el ardor del alcohol. Veía un salón de resquicios angulosos y oscuros, todo aristas, con un reloj de madera oscura desentonando, grande y viejo, en la pared; y debajo una butaca de piel y madera, todo de un marrón gastado, gastada y dura. Los dos únicos objetos con personalidad propia, que acabaron por adquirir un matiz de calidez con la visión de Elena. Me gusta cómo ha conectado con su madre, gracias a los diarios. Me gusta pensar que, a pesar de las diferencias, ninguna distancia es insalvable.
Del mismo modo, me gusta la evolución de Elena. Me gusta su visión del mundo. Me ha hecho replantearme muchas cosas que nunca había pensado, como el porqué de las cosas que hago, el mecanismo del mundo y de las personas. ¿Hasta qué punto soy dueña de mi propia vida? Me siento tan persona y tan poco humana en este momento que la piel me molesta, y la postura en la que estoy sentada, a pesar de ser la misma de siempre. Por algún motivo, he cambiado y el mundo ya no es cómodo, ya no puedo adaptarme a él.

¿Con qué frases me quedaría del libro? Con estas, aunque no sabría decir si porque las tuve que leer dos veces, por el mazazo que supusieron brevemente para mi cabeza o si fue, quizá, porque sonaban bien. Muchas de ellas me dieron horas de pensamientos y de pesadillas sin sueños.

Porque las obsesiones parece que se van, pero regresan siempre a la cabeza tras recorrer un tubo que llamamos olvido 

Estas palabras de la madre de Elena me recuerdan que la naturaleza de cada cual no se puede suprimir. ¿Cuántas veces escondo, renombro y olvido mis obsesiones? Silent Scream sabe que son muchas. Y ligada en parte a esa...

La locura resbala por la superficie de las cosas sin sufrir ningún daño.

Indiferente. Como Elena. Como yo, a veces, buscando sentimientos y lógicas donde solo hay costumbre.

La tristeza me golpeó en alguna parte, pero no conseguí llorar.

[...] se debate, como yo, entre acoplarse a lo que llaman realidad o levantar una realidad propia a la que retirarse a vivir.

En esta idea existe una suerte de sugerencia sobre controlar activamente la propia vida y el destino de cada cual. Es estimulante pensar que no tengo que seguir viendo el mundo que me rodea, pero ¿cómo cambio las cosas que me importan y las que no?

[...] aceptar que no pertenezco a nadie, a nada y que nada me pertenece [...]. Ello me reduce a la condición de un fantasma [...]. Esto debe de ser la soledad

Efectivamente, nunca me he sentido más sola que cuando tomé conciencia de que las relaciones que existen entre los objetos, las personas y yo son hilos imaginarios. No tengo derechos ni influencia sobre nada, como nada puede afectarme más que en una invención de mi cabeza. Todo esto es como caer en un vacío en que por instinto estiras la mano para aferrarte a las cosas, pero se desvanecen. Más adelante habla de la soledad como una amputación no visible, y es cierto, porque no sabes que estás solo hasta que te das cuenta de que nada es real más allá de la imaginación de las personas, más allá de los conceptos. Estás solo, y no te das cuenta hasta... hasta que Millás te hunde la vida.
Con respecto a esto, Elena se cita con su hermano buscando que éste le reconozca, "otorgándome así un lugar en la trama de lazos e intereses que cohesionan la realidad. "  Y, sin embargo, su hermano es agresivo, vehemente, como yo lo hubiera sido de toparme con una criatura voluntariamente desamparada como Elena, al igual que hizo Enrique.

Una nunca sabe lo que representa para los demás ni de qué manera gratuita se puede perder o ganar un afecto. En cualquier caso, parecía confirmar mi sensación de lejanía con respecto al mundo. Mi soledad".

Un lugar donde el grito no suena, donde las lágrimas no reblandecen nada.

Sentí un cansancio enorme por estar viva.
Y esta última la incluyo porque, en ocasiones, me define muy bien.

En cuanto a la edición, me siento obligada a hacer un pequeño comentario (ya que el libro ha sido un préstamo de Zoe). Los que me conocéis sabéis que me encantan los libros antiguos, y esta edición de los 90 se ajusta muy bien a mi criterio. Páginas finas y amarillentas, cubierta despegada y rota, anotaciones y fragmentos subrayados. No huele a una persona en concreto, sino a libro viejo, y se distinguen diferentes tintas y grafías, por lo que supongo que ha pasado por varias manos. Recorrerlo con los ojos ha sido como golpearme con una verdad que ha estado siempre frente a mí, dura como una pared de cemento, cristalina como agua; pero recorrerlo con las manos ha sido como acariciar algo familiar, un fragmento de mí misma que creía perdido.
No sé si conocéis la sensación... tal vez estoy divagando.
Al igual que a Elena, eso se me da muy bien.

Gracias, Zoe.

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