martes, 19 de julio de 2016

Romeo y Julieta.

¿Son necesarias las presentaciones? Espero que no.

No soy una gran amante de Shakespeare, pero conozco su obra a nivel básico. Me gusta la vitalidad poética de su estilo y la intensidad irrepetible de cada personaje de la obra Shakespeariana: Otelo, Hamlet, Macbeth, el rey Lear, Falstaff... Romeo y Julieta. Pero dado que su obra ha pasado a la historia de la literatura como "clásica", no es de extrañar que miles de lectores la hayan manipulado, idealizado y malinterpretado. Como dijera Peter Brook, We are faced with the infuriating fact that Shakespeare is still our model.

Romeo y Julieta es, para muchos, un himno indiscutible al amor, o una reflexión sobre el carácter ineludible del destino. Muchos jóvenes sueñan con este amor de cine, de sonatas en un balcón... un amor voluble e infantil que, por cierto, duró tres días y dejó seis muertos.
Yo, particularmente, siempre he visto un guiño muy inteligente al carácter caprichoso de la juventud, la estupidez humana, y un retrato de la sociedad que no tiene mucho que hacer más allá de bailar, enamorarse y autocompadecerse (cuando se te viene a la cabeza: ¡a ti te daba yo un problema de verdad...!) y que no ha cambiado mucho desde el siglo XVI.

¿No aparece Romeo como un muchacho arrasado por una breve pasión juvenil? Ya dice la señora de Montesco: Dicen que va allí Romeo a juntar su llanto con el rocío de la mañana y a contar a las nubes sus querellas, y apenas el sol, alegría del mundo, descorre los sombríos pabellones del tálamo de la aurora, huye Romeo de la luz y torna a su casa.; Y se queja Romeo del lento transcurso de las horas a Benvolio, lloriqueando a la vehemencia discordante de su amor por Rosalía, que no es otra cosa que un argumento secundario, una vía para introducir a Julieta en la obra,

Creo que el personaje que más me atrae es Fray Lorenzo. Si Romeo y Julieta fuera una crítica, un esperpento lleno de ridículas marionetas, Lorenzo podría ser el personaje más digno, especialmente cuando critica los veleidosos afectos de Romeo: ¡Qué pronto olvidaste a Rosalía, en quien cifrabas antes tu cariño" El amor de los jóvenes nace de los ojos, y no del corazón. Aún no se han disipado los vapores de tu llanto, aún resuenan en mis oídos tus quejas [...] Y ahora te has mudado. ¡Y luego acusáis de inconstantes a las mujeres! [...] Yo no reprobaba tu amor por Rosalía, sino tu idolatría ciega.

Una cosa tengo que reconocerle a la obra: me llevo algunas citas muy hermosas sobre el amor... aunque sea el tonteo de dos adolescentes idiotas.

martes, 12 de julio de 2016

Samurai.

Este libro llegó a mis manos casi por casualidad. Me lo regaló un disparatado soñador bajo el buen criterio de mi afición por el mundo japonés. También con el soñador propósito de conocer más profundamente la mentalidad japonesa y la historia de la transformación de los tiempos de Meiji comencé la lectura del gastado librito de papel amarillento, comprado en un mercadillo de segunda mano por muy poco dinero. Lo que sí que no tiene precio es la frustración que ha supuesto para mí.
Pero antes de llegar a este punto, las presentaciones: la obra fue originalmente escrita en alemán por Hisako Matsubara, prestigiosa ensayista y experta en el ámbito de la religión comparada y sacerdotisa shinto. Narra la historia de la familia Hayato, en un pueblo costero llamado Himari. Hayato es un gran samurai caído en desgracia tras una mala decisión económica, y por ello decide enviar a su yoshi (hijo adoptivo) a los Estados Unidos a hacer fortuna para la familia. El yoshi Nagayuki es el marido de la protagonista y narradora de la historia, Tomiko, una muchacha frustrada ante la escasa capacidad de Nagayuki de decidir y revelarse contra los rígidos valores impuestos por el padre.
En puros términos técnicos, el libro es sorprendentemente lento, teniendo en cuenta su brevedad. Pocas cosas pasan en pocas páginas. Hay pocos personajes, pero sus características están muy bien delimitadas y conducen a un cierto sentimiento de amor-odio en el lector. Me explico: Hayato se presenta como un personaje rígido, altivo y orgulloso, aferrado a un mundo de apariencias, pero también es un padre y abuelo cariñoso y dulce. Esto choca con su escaso sentido de la responsabilidad, su enorme exigencia y con cómo juega con los destinos de su familia sin considerar en modo alguno los sentimientos de su hija. Tomiko me inspira la simpatía natural de la protagonista indefensa que sufre en silencio, pero también me enerva su falta de intervención real. Es como un sujeto pasivo, frustrante y dolorosamente sumiso. Es algo que también me ocurre con el personaje de Nagayuki, que aparece siempre en la distancia, pero que compensa esa falta de iniciativa propia con el duro trabajo que le supone cumplir su cometido como yoshi. Son personajes poco valientes, que me frustran y enervan, pero supongo que ejemplifican muy bien el sentido del honor, del deber, el amor incondicional de la mujer, la intransigencia y el inmovilismo de Hayato.

Es un buen retrato de la caída del antiguo régimen, en esencia, y la decadencia de la nobleza (encarnada en Fumiya, del clan Ogasawara). La decadencia del mundo de los viejos samurais aparece también metafóricamente, relacionándose con elementos de la naturaleza como bosques, árboles y bonsáis. La atmósfera general es apacible, delicada, repleta de numerosas imágenes y descripciones de la sensibilidad artística y estética del mundo japonés. Instructivo, efectivamente, en tanto que recrea el mundo exterior y la psicología de los personajes que reflejan los sentimientos y deseos más profundos del ser humano. El estilo es sobrio, pero intenso, y eso es algo que encaja muy bien conmigo; aunque he de decir que el final es apoteósico como un ramalazo de fuego en un paisaje floral, y devoré con ansia las últimas palabras de la novela. Absolutamente sorprendente.