Recuerdo que la primera vez que leí Cumbres Borrascosas tenía 10 años, y fue por culpa de Crepúsculo (ya hablaré de este en otro momento), un libro lleno de referencias y analogías a Catherine y Heathcliff.
Existe todo un estigma negativo en torno a los libros del romanticismo victoriano, aunque supongo que esto forma parte del fenómeno social de desprestigiar sistemáticamente todas las cosas: las que están de moda y las que no, lo mainstream y lo retro. Todo se asocia a fenómenos sociales, de masas y de categorización, uno de ellos consistentes en ligar la literatura del inglés del siglo XIX con jovencitas de mente enamoradiza y soñadora. Así, cuando Margaret Lea enferma en "El cuento número trece", el médico le pregunta qué lee y a raíz de las respuestas de ellas llega a la conclusión de que padece la enfermedad de la mente romántica que desfallece y bla bla bla.
A lo que iba..., ya sea cierto o no que estas personas leen este tipo de libros, considero que Cumbres Borrascosas no sigue el mismo esquema de los demás. Catherine no es una chica dulce y sencillamente elegante y Heathcliff no es un caballero que tiene que elegir entre su amor y su honor. No hay bailes ni fortunas que medien, y la frivolidad social se ve sustituída por la frivolidad de los egoísmos humanos. De esta forma, Emily Brontë crea unos personajes malvados hasta casi lo obsceno, corrompidos por las circunstancias, maltratados por ellos mismos y por otras personas del entorno. Son personajes viciosos, y hasta la joven e inocente Cathy se transforma llegado a un momento en una bruja malhumorada.
Pero, ¿ocurre esto por influencia de Heathcliff? Durante todo el libro se sostiene que este personaje oscuro y rencoroso encarna la oscuridad en su esencia más pura. Un hombre que pocas páginas atrás era un niño huérfano, acogido de pura chiripa por su generoso patrón como un hijo más, un niño maltratado por sus hermanastros, su madrastra y sus propios criados. Así, cuando el padre de los Earnshaw muere, Heathcliff lo pierde todo, y después de años de vaga miseria se rehace a sí mismo con el matiz más frío y cortante que jamás leí en nadie.
Pero hasta Heathcliff es humano, un hombre enamorado de la única persona que, de forma más o menos desinteresada, se mantuvo a su lado. Y los capítulos se llenan de su amargura y su pérdida, de su degeneración. Él no es un personaje vicioso, ni mucho menos, es un niño protegido por una coraza de furia.
Cumbres Borrascosas no es una historia de amor, es una historia de venganza.
Las obras clásicas son previsibles e inocentes. Esta es amarga, una pincelada de vida en una época tan idealizada por tantos...
Pero, ¿qué puedo saber yo, otra de esas jóvenes románticas que sueñan con encontrar a su Darcy, a su Rochester...? Sin embargo, como dijo Heathcliff, que también era un ser humano: "no puedo vivir sin mi vida, no puedo vivir sin mi alma".
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